Pedro E.Bastidas P.

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DISCIPLINAR SIN MALCRIAR NI MALTRATAR (primera parte)

Lo siguiente es parte del guión sobre DISCIPLINAR SIN MALCRIAR NI MALTRATAR que escribiéramos para el programa PSISOLUCIONA. Vale la pena compartirlo:
Alguien dijo que los niños llegan al mundo sin manual de instrucciones, por lo cual uno de los grandes dilemas que padres y madres enfrentan es acerca de cómo disciplinar a sus hijos. La mayoría oscila entre el polo de la permisividad y del autoritarismo, resultándoles difícil administrar una disciplina firme y amable al mismo tiempo. Ello se debe a diversas razones. Por ejemplo, en muchos hogares, padres y madres, salen desde temprano a sus lugares de trabajo y los hijos a la escuela, entonces vemos que el tiempo compartido es cada vez menor. Así, se reduce la consistencia y supervisión de las normas.
Por su parte, desde la educación, el derecho y la psicología han surgido voces que se oponen a aquella disciplina fuerte y rígida administrada por generaciones anteriores, por lo cual padres y madres de hoy se hallan confundidos al respecto. Si maltratar no es la forma adecuada, ¿como se debe aplicar la disciplina a los hijos?. Los expertos señalan que aunque no existe un manual que nos enseñe a ser un buen padre, se pueden descubrir formas nuevas para disciplinar, educar y en general criar a los hijos.
Una de las maneras que plantean es descartar por completo el castigo físico y sustituirlo por las consecuencias positivas y negativas (premios y castigos) de acuerdo a la falta cometida por los niños y niñas. Debe imperar la cultura del amor y el buen trato tanto en la familia como en la sociedad. Otra alternativa la constituye el negociar con los hijos las sanciones por las faltas y el acceso a los privilegios por los buenos comportamientos. Estas consecuencias de las conductas deben responder a conversaciones razonadas con los pequeños y no de acuerdo al estado del ánimo del padre, pues se convertirían en inconsistentes.
Queremos presentarles algunos tips para fomentar la disciplina sin maltratar, pero también sin malcriar. Primero, los padres, madres y en general, los adultos que rodean a los niños y niñas y les imparten disciplina deben ser consistentes y firmes en la aplicación de las reglas. Es preciso que los adultos generen acuerdos, de manera que sus reglas sean similares ante el niño. Por ello se debe pensar muy bien cuales serán las normas que decide aplicar. Esas reglas deben ser claras para el niño y sobre todo debe saber lo que pasará si su hijo se comporta bien y también si no se comporta bien. Deben ser oportunamente aplicadas y congruentes con las conductas de los padres. Por ejemplo, no se le puede pedir a los hijos que sean sinceros mientras nosotros mentimos.
 

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