Pedro E.Bastidas P.

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ME CONOZCO, TE CONOZCO

Me conozco, te conozco

Por: Iliana T. Jiménez R.

Correo: jimenez.it@gmail.com
La disciplina, en su acepción más común se refiere a la capacidad de enfocar los propios esfuerzos en conseguir un fin. Su propósito es amoldar el carácter y el comportamiento de un individuo para conseguir una eficiencia máxima en alguna labor. Cuando hablamos de disciplinar a nuestros hijos, hablamos entonces de las orientaciones, reglas y normas que les vamos enseñando para modelar su comportamiento y carácter de acuerdo con las distintas situaciones que surgen en los contextos sociales. Cada familia tiene sus creencias y por tanto tendrá sus reglas y normas para infundir la disciplina a sus niños, sin embargo, no dejan de estar regidas, por la sociedad en la cual está inserta.

A pesar de las diferencias que pueda haber entre una familia y otra, disciplinar y educar siempre deben estar orientadas hacia un mismo objetivo: guiar y acompañar a nuestros niños y jóvenes en su proceso de desarrollo, procurándole las herramientas necesarias para que sean capaces de desenvolverse adecuadamente en la sociedad y, por sobre todas las cosas, que sean seres humanos felices, y así, llegado el momento, emprendan, con seguridad y libertad, su camino hacia la autorrealización. Como podemos apreciar, el objetivo de disciplinar es totalmente incompatible con maltratar. Si bien no hay niño sobre el planeta que haya venido con un manual de instrucciones, en cuanto a cómo se le debe disciplinar, una pieza clave para ejercer este arte sin necesidad de maltratar es conocer el temperamento de nuestros niños.

Tanto los niños como los adultos tenemos temperamentos distintos, el cual se cree es innato, marca el cómo respondemos de forma inmediata a los diferentes estímulos de nuestro entorno, por tanto impregna nuestra forma de ser, de relacionarnos y de actuar en distintas situaciones. Engloba nuestro estado anímico, la capacidad de adaptación, la energía y constancia que depositamos en nuestras actividades. Los niños, a lo largo de su desarrollo van formando su identidad personal, la cual empieza a cristalizarse al término de la adolescencia; sin embargo, desde que nacen van evidenciando ciertas características en su comportamiento que nos ayudan a identificar su temperamento.

Ignorar estas diferencias temperamentales entre padres e hijos puede convertirse en fuente de conflicto constante. Así por ejemplo, imagínese que usted es un padre o madre muy vigoroso, entusiasta y automotivado, mientras que su hijo tiende a ser más pausado y necesita más tiempo del que usted considera, para hacer las cosas o requiere que usted lo motive de alguna forma para que las haga. Esta diferencia puede hacer que en poco tiempo usted pierda la paciencia y trate de ajustarlo forzosamente a su ritmo. Quizás sea usted una persona extrovertida, que le encanta socializar y es muy comunicativa. Su hijo por el contrario es introvertido, reservado y no es muy dado a socializar. Asisten a una fiesta infantil y su hijo no se relaciona de la forma que usted esperaba con los otros niños, o no es tan simpático con sus amistades como usted hubiera querido. Tal vez esta diferencia de temperamentos hace que usted se sienta defraudado o defraudada por el comportamiento de su hijo y hasta llegue a pensar que el niño tiene un "grave problema".

Son innumerables las situaciones conflictivas que pueden surgir de las diferencias de temperamento. Para comprender a nuestros niños debemos partir de conocernos a nosotros mismos. Seamos observadores de nuestros propios comportamientos para identificar cómo es nuestro temperamento. Observemos y escuchemos atentamente a nuestros niños para conocerlos mejor, así iremos descubriendo su temperamento, su estilo particular, sus gustos y preferencias. Conociéndonos más a nosotros y a nuestros niños podremos ejercer la disciplina de forma más efectiva y eficiente, al tiempo que obtenemos un mejor provecho en nuestras interacciones con nuestros niños, fomentando el bienestar y la armonía familiar en pro de una mejor calidad de vida.